Reiniciando

Fotografía: Ester Valverde

Fotografía: Ester Valverde

Se acaba agosto y con él se va gran parte del verano. Septiembre se aproxima con energía, viene a ponernos en marcha tras las vacaciones. Adultos, tenéis que volver a la rutina. Niños, las puertas del colegio se abren otra vez. Así que yo no voy a ser menos y por eso a este blog le toca un lavado de cara. Que eso de publicar de Pascuas a Ramos y sobre cualquier cosa sin orden ni concierto, según he leído por ahí, a los blogs les va fatal. Pues nada, a partir del uno de septiembre imagen nueva y periodicidad en las publicaciones. En jueves y cada quince días. Y ya que tengo cinco categorías bien hermosas desde el principio de los tiempos, voy a usarlas. El primer jueves del mes será para el cine y la televisión, para la imagen y el sonido. El tercer jueves del mes para el mundo literario, para las letras, ya sea hablando de las obras de otros o publicando un relato. Cuando toque un mes con quinto jueves: vía libre para divagar (o desvariar). Y, además, dándole un enfoque femenino, que signifique algo que este blog se llame «De Princesas y Meigas».

Hala, ya está, ahora que mi propósito de enmienda está escrito y a la vista de cualquiera, no puedo hacerme la despistada. Ya no valdrá aquello de mañana lo hago si eso. Tengo la agenda ordenada y, lo más importante, la hora reservada para el trabajo. Ahora solo me queda trasnochar y llegar puntual al día de entrega.

Buenas noches, nos vemos el uno de septiembre, que comience la enésima puesta en marcha. Pulsando reinicio…

Hasta pronto, Argonautas.

Argonautas barco

La noche del 17 de abril de 2015 me encontraba en el Quocor café de Madrid viviendo en primera persona el nacimiento de una nueva editorial: la editorial Argonautas. Y lo hacía, además, presentando sus dos primeros libros: I Artbook y I Antología Argonautas. En ellos participaban varios autores, ilustradores y escritores, que ya habían colaborado en su revista y que ellos mismos seleccionaron para formar parte de su presentación al mundo. Yo tuve la suerte de ser uno de esos autores elegidos y gracias a eso disfruté de una noche mágica rodeada de artistas noveles (aunque sobradamente preparados). Por primera vez firmé libros, sudé tinta para escribir cada una de las dedicatorias y eso que al final no fueron nada del otro mundo (muchas gracias por comprar este libro, espero que te guste, bla, bla, bla… vamos, un horror). Con cada ejemplar que pasaba por mis manos para dejar en él unas palabras se me hinchaba el corazón más y más, que digo el corazón, el alma, toda yo. Fue una de las noches más emocionantes de mi vida, os estaré eternamente agradecida.

Dicen que todo tiene un comienzo y un final, así es el ciclo de la vida. Para que algo nuevo empiece, sin remedio otro debe terminar. A veces esos ciclos duran siglos, a veces apenas un suspiro. Amanecía el mundo con la palabra «Brexit» resonando por todos sus rincones y a mi móvil llegaba el aviso de una triste noticia: la editorial Argonautas se veía obligada a cerrar. Poco más de un año después y con ocho títulos publicados. Aquí encontraréis sus palabras de despedida, sus razones para tener que decir adiós a un proyecto que sin duda les habrá llevado mucho esfuerzo y mucho sacrificio y del que seguro estarán más que orgullosos, tienen millones de motivos para que así sea.

Así que aquí estoy, escribiendo esto a las dos y pico de la madrugada, aprovechando que mi numerosa familia duerme, con los cascos puestos escuchando música que me ayude a encontrar las palabras (y a no dormirme encima del teclado, todo hay que decirlo). Aquella noche, mientras hablabais con ilusión de vuestro nuevo proyecto, yo os admiraba, tan jóvenes, tan valientes. Yo a vuestra edad aún estaba intentando emprender mi camino. Hace unos días, después de que comunicarais con pesar el final de ese proyecto, yo os admiré más. Afrontar algo así requiere mucha fuerza, mucha madurez. Sé que no os rendiréis, que seguiréis luchando por lo que creéis y espero que algún día volváis a intentarlo. Aquí estaré, podéis contar conmigo. Y, aunque pueda parecer paradójico, vuestro «hasta pronto» que no adiós, me ha llenado de energía, de ganas de escribir y escribir, aunque ya sean las tres de la mañana, qué importa dormir un poco menos aún. Porque hay finales que inspiran comienzos, porque «fracaso» solo es el tipo de ladrillo con el que se construye el éxito.

De Argonauta a Argonauta: suerte y gracias. Nos vemos.

A pares

Fotografía: Ester Valverde.

Hace más de dos meses que no publico nada y, según las notas de mi calendario, en lo que llevamos de año apenas he escrito unas 4.500 palabras. Bueno, tengo una buena excusa para tanta procrastinación, en dos palabras: «Embarazo Gemelar». Para ser más precisa debería decir: último mes de embarazo y postparto. No, tranquilos, no tengo intención de ponerme a contar cómo ha sido (y sigue siendo) mi experiencia, ya hay un montón de blogs y páginas web dedicadas a ello que lo explican mil veces mejor de lo que yo podría y, además, no es mi intención conseguir que las mujeres dejen de querer quedarse embarazadas para siempre y se extinga nuestra especie… (es broma… o no).😛

No, esta entrada tiene como finalidad ser una especie de nuevo comienzo, una carrera de cinco minutos para calentar antes de empezar con el verdadero ejercicio. No será fácil recuperar la forma, desoxidar la mente, encontrar de nuevo las palabras, pero prometo no rendirme, prometo que, cuando ellos duerman, yo encenderé el ordenador o cogeré bolígrafo y papel. Mientras ellos sueñen yo lucharé por construir miles de frases, cientos de párrafos. Mientras ellos…  Vaya, me reclaman, creo que alguien tiene hambre otra vez, en seguida vuelvo.

(Dos horas después aproximadamente).

Ya estoy aquí, ¿de qué estaba hablando?

Yo que sé, tengo tanto sueño. Voy a tumbarme un rato en el sofá… un ratito nada más… cinco minutos… cinco… zzzzzz…

Carmen y Óliver Fotografía: Ester Valverde.

Carmen y Óliver
Fotografía: Ester Valverde.

P.D.: Feliz cumple mes y un día, pequeños (sonrisa orgullosa de madre que todavía sigue en pijama a la una del mediodía).😉

«A medida», nuevo relato para la revista Argonautas

Desde ayer ya podéis disfrutar de un nuevo número de la Revista Argonautas: online o descargándola. La verdad, no sé a qué estáis esperando. Relatos, poesía, ilustraciones, opinión, entrevistas… Y, como estamos en febrero y se acerca el carnaval, todo gira en torno al tema: Máscaras. ¿No te pica la curiosidad? ¿No quieres saber qué les habrá inspirado a tan diversos escritores, poetas, magos del trazo y el color? ¿No? ¿Qué más podrías pedir?

¡Ah, claro! Que yo participase con un relato. Pues estás de enhorabuena.😛

«A medida» lleva por título y le acompaña esta estupenda ilustración de Juan I.G.F. :

¡Vamos, date prisa! ¡Qué nos los quitan de las manos!😉

Ayer

Fotografía: Ester Valverde

Fotografía: Ester Valverde

La señora Ejido y su andador de aluminio salieron de casa, como cada mañana, a las doce en punto. Descendieron seis pisos en ascensor, recorrieron un par de metros de portal, alguno más de patio exterior y atravesaron la puerta enrejada para llegar al ancho y empedrado paseo que acababa a los pies de un coqueto parque. El día era soleado, menos mal, sus huesos ya empezaban a resentirse más de lo normal. A su andador, la verdad, le importaba bien poco, estaba hecho para resistir sin rechistar.

La señora Ejido llevaba, como de costumbre, el periódico bien sujeto en el asiento de su andador y a las doce y veinte, minuto arriba, minuto abajo, dependiendo de lo rápidas que hubieran ido ese día sus piernas, se sentó en el banco de siempre. Aquel que recibía al sol de frente y que de frente también tenía los columpios, toboganes y demás artilugios que ojalá hubieran existido cuando ella era niña. Liberó su periódico mientras su andador, obediente, se quedó a un lado. Leería los titulares y apenas ojearía el resto, a su edad le bastaba con saber lo principal, al fin y al cabo no decían más que paparruchas. La señora Ejido desplegó el periódico y el sonido de sus hojas se unió al de los pasos de alguien que se acercaba.

—Buenos días —le dijo una mujer —, ¿le importa si me siento?

—¿Por qué iba a hacerlo? —dijo la señora Ejido sin levantar la vista —. El banco no es mío.

—En ese caso, me sentaré.

Mientras disfrutaba de su periódico, la señora Ejido miraba por el rabillo del ojo cómo aquella mujer se reclinaba en el banco, estiraba sus piernas y cerraba los ojos.

—Qué día tan estupendo —dijo la mujer —, se nota que la primavera está al caer. Sin duda mi estación favorita. ¿Y la suya?

La señora Ejido fingió no oírla y pasó otra página. Notó cómo aquella mujer abría de nuevo los ojos y la miraba con curiosidad.

—¿Alguna noticia interesante?

—Lo mismo de todos los días.

—¿Y eso es bueno o malo?

La mujer sonrió, la señora Ejido pasó otra página, la mujer dejó de sonreír. «Parece que lo ha entendido», pensó la señora Ejido, ahora podría seguir disfrutando de su periódico, del banco de siempre, del calor del sol y de la calma del parque sin que volviera a molestarla. Su satisfacción duró lo que aquella mujer tardó en empezar a mirar su periódico demasiado cerca.

—¿No sabe que eso es de mala educación? —dijo la señora Ejido sin despegarse de sus páginas —. Si quiere leerlo se lo dejaré encantada cuando haya terminado.

—Disculpe, no pretendía, me estaba fijando en la fecha y…

—¿Y qué?

—Su periódico es de ayer.

—Ayer es mejor que hoy.

—Ah… que respuesta tan curiosa.

—Déjeme adivinarlo —dijo la señora Ejido cerrando el periódico y posándolo en sus piernas—, ahora me va a preguntar por qué.

—Por qué, ¿qué?

—Por qué es mejor.

—¿Mejor ayer que hoy?

—Sí.

—¿Por qué es mejor ayer que hoy?

—Bien, está claro que no me va a dejar. —La señora Ejido dobló su periódico por la mitad y lo dejó otra vez en el asiento de su andador —. Verá, joven, se lo explicaré, otra cosa es que lo entienda.

—Soy toda oídos —dijo la mujer poniéndose cómoda.

—Ayer no la palmé pero hoy, a mi edad, vete tú a saber.

—¿Y eso qué tiene que ver con el periódico?

—Pues que no me apetece leer las noticias del día que deje este mundo. La bajada del IRPF y del impuesto del patrimonio favorece a los más ricos, y puede que te mueras. No es bonito, no.

—¿Y no sería mejor intentar no pensar en la muerte?

—¡Qué fácil es decirlo! Cuando pase de los ochenta me lo cuenta.

—No sé, creo que hoy en día es bastante más complicado no enterarse de lo que pasa. A todas horas lo cuentan en la tele…

—Grabo el informativo y lo veo al día siguiente. —La mujer la miró sorprendida —. ¿Qué? Seré vieja pero no tonta, sé perfectamente cómo programar el chisme ese que graba.

—¿Y la radio?

—No la escucho.

—¿Ni siquiera música?

—Tengo un toca discos.

—Y si se encuentra con alguien y…

—Hace años que no le hago caso a nadie.

—Así que lo tiene todo pensado, ¿eh?

—Sí, aún me rige la cabeza.

—De eso no me cabe duda…

El silbido de un hombre llamando a su perro desvió su atención. Frente a ellas el desobediente y maleducado animal decidió mear en la arena destinada al juego de los niños. Su dueño no tuvo más remedio que ir a buscarlo y agarrarle por el collar. Al sentirse observado esbozó una tímida sonrisa como disculpa. La señora Ejido entornó los ojos y levantó una ceja y aquel pobre hombre se fue cabizbajo y colorado.

—Además —continuó la señora Ejido, la mujer se volvió para mirarla de nuevo —, hoy no me vendría nada bien.

—¿El qué?

—Morirme.

—Creo que eso le pasa a la mayoría de la gente.

—Y a mí qué me importa la mayoría de la gente, ¿no va a preguntarme por qué no me viene bien hoy?

—Sí, claro, perdón —dijo la mujer disimulando una sonrisa —. ¿Por qué no le viene bien hoy?

—Mi nieta actúa en un teatro de verdad. No es que sea gran cosa, es una obra del colegio y el teatro es pequeño, pero es como esos teatros de antes… —La señora Ejido miró por primera vez a la mujer —. Usted es demasiado joven, no creo que lo entienda.

—Entiendo que sería una bonita última vivencia. Y no soy tan joven como piensa.

La señora Ejido se dio cuenta de lo cálidos que eran los ojos que la miraban. Le sorprendió encontrar en ellos momentos aún no olvidados, ternura y reproches, desilusión y orgullo, paciencia, amor incondicional. Sus labios guardaban viejas palabras de consuelo y besos que sanaban, y en sus manos reconoció dónde agarrarse para cruzar la calle, miles de caricias y algún que otro azote.

—Usted… me recuerda mucho a alguien… —dijo la señora Ejido casi susurrando.

—¿A un familiar tal vez? Me lo dicen mucho.

—¿Cómo es posible…? Se parece tanto…

—Algunas veces es a un antiguo amor, un viejo amigo… Supongo que cada uno ve lo que necesita ver.

El olor dulzón de la resina se mezcló con el de la hierba recién regada, el sonido de los pájaros revoloteando con el del autobús que pasaba, la brisa refrescaba su piel al mismo tiempo que el sol la reconfortaba. Cuántos matices a los que no había dado importancia hasta ahora.

—¿Has venido a buscarme? —preguntó la señora Ejido.

—Sí, pero está claro que me he equivocado de día —le respondió la muerte mirando su periódico —. Ayer no es hoy, ¿verdad?

—No…. no lo es —dijo la señora Ejido.

—Espero que me perdone, es la primera vez que me pasa. ¿Me cuenta mañana qué tal la obra?

Una ráfaga de aire agitó el periódico de la señora Ejido y sus hojas salieron volando. Volvía a estar sola. La señora Ejido contempló cómo las noticias de ayer se posaban poco a poco frente a sus pies. El parque se llenó de niños recién salidos de clase que preferían tirarse del tobogán antes que ir a comer para desesperación de sus padres, y ella siguió allí sentada, mirando las hojas esparcidas por el azar del viento. Su andador se preguntó si sería posible que lo pusiera a la sombra, estaba empezando a recalentarse más de lo que le gustaría.

 

Argonautas en el Instituto Cervantes de Toulouse

Revista Argonautas

Revista Argonautas

Hace unos días recibí un e-mail de la Editorial Argonautas informándome de que Javier Campillo (director de la Biblioteca Manuel Azaña del Instituto Cervantes en Toulouse) se había puesto en contacto con ellos para hablarles de su club de lectura mensual, especializado en relato. Les pedía que, si deseaban colaborar en su proyecto de ampliación de horizontes, eligieran, entre todos los relatos que habían sido publicados en la Revista Argonautas, los cinco que considerasen más relevantes.

Que alegría la mía al comprobar que entre esos cinco relatos han creído que merecía encontrarse uno de los míos. Así que, aunque sea con días de retraso, no podía hacer otra cosa que darles las gracias. La verdad, estos viajeros de las letras siempre me traen buenas noticias.

Si tenéis curiosidad, estos son los relatos afortunados:

  • El círculo, Gastón Zampar (Nº2 – Agosto 2014)
  • 36 días, Patricia Reimóndez Prieto (Nº4 – Diciembre 2014)
  • Sobre una mujer de Dios, Keiko McCartney (Nº5 – Febrero 2015)
  • ¡Oh, Guskent!, Iris Gómez Tejedor (Nº8 – Agosto 2015)
  • Nada en común, Rubén Torres Cuerpo (Nº10 – Diciembre 2015)

Por cierto, a todos aquellos que os guste escribir, hasta el día veinte de este mes tenéis de plazo para participar en el siguiente número de la Revista Argonautas que girará en torno al tema: Máscaras.

Máscaras, máscaras… ¿qué podría escribir yo sobre máscaras?😉