La señorita Pérez y la tienda de antigüedades

Foto: Ester Valverde
Foto: Ester Valverde

Estaba asustada, era la primera vez en muchos años que la sacaban de casa. No le intimidaba que la observaran tan exhaustivamente y tan cerca con aquellos extraños anteojos, para ella era algo habitual ser admirada, todo en ella estaba hecho para ese propósito, su gorro, bufanda, guantes y calcetines a juego, su suntuoso abrigo de pata de gallo, zapatitos de charol… Distinto era estar rodeada de una multitud tan variopinta. Podía oírles cuchichear y reírse por lo bajo. ¿Se burlaban de ella acaso? No tenía la culpa de que su nuevo dueño la hubiera vestido tan inapropiadamente para el tiempo estival.

-Mmmm… Está muy bien conservada -dijo el tendero.

-Era de mi abuela, debe tener unos setenta años. Siempre la tuvo en una vitrina, jamás nos dejaba tocarla, para ella era como un tesoro.

-Es evidente, mantiene intactos todos los detalles.

-¿Cuánto me daría por ella?

Eso era menos de lo que esperaba, aunque, bien mirado, no era poco.

-Psss… Pssss… -ahí estaba otra vez la máquina de escribir -. Mira para acá guapa, que no te voy a comer.

-Aunque quisieras tampoco podrías -dijo un elegante perchero.

Las risas se fueron extendiendo por toda la tienda como si fueran una ola.

-¡Callaos, la estáis poniendo nerviosa! No te preocupes, guapa, aquí te vamos a tratar muy bien.

-Ειδικά σας -dijo uno de los libros de la enorme estantería del fondo.

-¡¿Qué ha dicho?!

-No sé -dijeron por la derecha.

-Ni idea -continuaron por la izquierda.

-A este nunca hay quién le entienda. ¡A ver si aprendemos a vocalizar! -dijo el perchero.

-Está hablando en griego, ignorante -dijo el volumen I de una enciclopedia.

-No te las des de listo, todos sabemos que sólo abarcas de la “A” a la “G”.

Se reían. Todos menos el volumen I. Parecía un lugar bastante animado, un poco abarrotado pero limpio, quizá no estuviera tan mal quedarse allí, al menos eso deseaba, no podía escoger otra alternativa, estaban a punto de dejarla allí.

Tras el mostrador la vio. “¡Una niña!” pensó emocionada, era justo lo que necesitaba, no sabía cuánto llevaba allí, pero… ¿Por qué no conseguía llamar su atención? ¿Qué había más interesante que contemplarla a ella?

-¡Está escribiendo otra nota! -dijo un juego de tazas de té.

¡Una nota! ¡Una nota! se dijeron unos a otros.

-¡Pónsela a ese! Dile: Eres un estirado -dijo la máquina de escribir.

-¿Te refieres a mí? -dijo el reloj de pie.

-Ves, hasta él lo reconoce.

¡Jijiji! ¡Jajaja! ¡Jujuju!

Mientras los demás no paraban de reír, la pusieron con suma delicadeza sobre una cómoda de nogal. Todo aquello era tan distinto a lo que conocía ¿Qué sería de ella ahora? ¿Se quedaría allí para siempre?…

Obtuvo respuesta…

… y la tranquilizó.

Aquella pequeña tienda estaba llena de vida. Una lástima que los humanos no fueran capaces de sentirla, ni siquiera Baltasar, su propietario, quién creía que todos y cada uno de los objetos que allí guardaba, restauraba, compraba o vendía, tenían su propia historia, su propia magia. Cada día disimulaba no ver cómo su nieta dejaba misteriosas notas escondidas en cada uno de ellos. Hoy tampoco resistió saber qué decía la que acababa de ocultar en el interior del abrigo de la nueva muñeca.

-No tengas miedo -leyó en voz alta.

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7 thoughts on “La señorita Pérez y la tienda de antigüedades

    1. Pues la verdad es que a la mayoría es el que más le gusta. Me lo tomaré como algo positivo, porque este es el primero y claro… Eso quiere decir que en los demás no me he superado. 😛
      Gracias por todo mi querida Maese, tú ya sabes a que me refiero. 😉

  1. ¡Muy buen relato! Y cómo siempre con unos diálogos originales y con ritmo. La verdad es que creo que esta tienda nos inspiró y nos llevó por caminos distintos a todos los participantes del taller. En tu caso el resultado no puede ser más satisfactorio. 🙂

    1. Muchas gracias, tus palabras animan mucho, sobre todo después de leer lo que tú eres capaz de escribir. 😉
      Tienes razón, esta tienda nos inspiró a todos, tenía tanta magia que resultaba difícil que no lo hiciera. Y ahora que lo pienso, no he leído el relato que te inspiró esta escena. Me daré una nueva vuelta por tu blog para encontrarlo…

      Un saludo.

  2. Aún estoy sonriendo después de lo que acabo de leer. Coincido con Manuel en que aquí te has lucido con los diálogos; no podrían decirse otra cosa los objetos de una tienda de antigüedades. Una de las debilidades que siempre he tenido ha sido leer relatos de personificaciones y este, como no podría ser menos, es sobresaliente. Espero con ansias que la musa siga inspirándote y que dejes más relatos para poder hincarles el diente.

    ¡Un abrazo muy grande y seguimos leyéndonos!

    1. Muchas gracias Pedro, ahora la que sonríe soy yo. 😉
      Coincido contigo en la debilidad por los relatos de personificaciones, tienen un encanto particular.
      Que las musas también te inspiren a ti aunque, a juzgar por la rapidez que has tenido en la escena de este mes, creo que ya lo han hecho. ¡Estoy deseando leerlo!

      Un abrazo.

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