Cuarto Creciente

Foto: Ester Valverde
Modelo: Laura Pérez Madrid
Foto: Ester Valverde

Empieza en las muñecas, apenas una ligera molestia, como si los huesos vaticinaran un cambio de tiempo. Instintivamente las frotas proporcionando un alivio momentáneo que apenas dura. Sabes que no hará más que crecer, que se extenderá al resto de las articulaciones, que recorrerá como un escalofrío todas tus vertebras, y aún así piensas que tal vez hoy sea diferente.

Tu cuerpo arde y te quitas la ropa, su simple roce resulta insoportable. Contienes una arcada, y otra, y otra, hasta que alcanzas el váter. Tus intestinos se mueven buscando una nueva posición y con ellos el resto de tus órganos. Encogida en el suelo coges aire y lo sueltas despacio aunque no estás muy segura de que eso ayude pero, ¿qué otra cosa puedes hacer?

Un chasquido es justo lo que oyes antes de sentir el dolor más intenso que jamás experimentarás. Un chasquido seguido de muchos es el sonido que producen tus huesos al romperse. Se fracturan y se sueldan a la velocidad de un pestañeo y, cuando lo hacen, dibujan un nuevo esqueleto que en nada se parece al que era antes. Tus músculos y tendones se elongan hasta casi romperse, para adaptarse, para acompañar en su baile al resto de tu cuerpo. Punzadas, cientos, miles de ellas invaden tu cara, no necesitas verla para saber que ya no será como recordabas. Sientes hundirse los pómulos, retroceder tu frente, crecer tus mandíbulas…

Deseas morir desesperadamente. Realmente crees que es así cuando tu piel se desgarra, cuando se abre para dejarte salir. Es cierto, has muerto. Has renacido. Y tu recién nacida desea correr, no como aquel que anhela huir, sino como quien se sabe en posesión de la verdadera libertad, primitiva, instintiva, irracional.

Nunca has sido tan consciente de cada parte de tu cuerpo, de cada músculo contrayéndose, de cómo el aire mueve cada pelo que cubre tu lomo, tus garras arañando la tierra en cada zancada; ir más deprisa es lo único que ansías.

Todo a tu alrededor envuelve tus sentidos, todos los matices imaginables, sólo uno despierta tu atención. Es tu instinto el que te guía, es a él a quien sigues, el que a la presa dará caza.

La luna te observa orgullosa y la noche se postra ante ti. Todos y cada uno de los seres que cobijan bajo su manto te temen y admiran.

Aúllas…

Este es tu territorio.

Aúllas…

Sonata de luz en las tinieblas.

Aúllas…

A la luna rindes pleitesía.

La oscuridad se ha ido y la luz atraviesa tus párpados cerrados. Creerías que todo fue un sueño si no despertaras en medio de un bosque, si tu cuerpo desnudo no se erizara por el contacto del rocío en su piel, si aún no sintieras el sabor de la sangre en tu boca.

Te alzas soberbia como quien ha conquistado el fin del mundo. Tus ojos serenos contemplan el sol.

Ha amanecido.

El ciclo comienza otra vez.

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10 thoughts on “Cuarto Creciente

  1. Has descrito la transformación de una manera tan brillante e intensa que ni los mejores efectos especiales de una película podrían hacerlo mejor… Humm… Y ahora que caigo, es luna llena ¿No será una experiencia propia? saludos

    1. Hola David, la experiencia no es mía por suerte o por desgracia, aunque lo de la luna llena no es casualidad. 😛
      No sé si será mejor que algunos efectos especiales, lo que sí sé es que este relato tiene más revisiones que fases la luna, jajaja.

      Muchas gracias por tu comentario.
      Un saludo.

  2. Esto me recuerda que tengo que comprar munición de plata, a espuertas, y un sombrero, para poder quitármelo en ocasiones como la que nos ocupa. 😉

    Un saludo,

    J.A.

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