De escritoras: Rosa Chacel (I)

Rosa Chacel

 

El timbre sonó de un modo particular. Sonaba de un modo particular todas las tardes, pero aquel día se hizo notar más su particularidad. El timbre delataba el titubeo, la duda de quien lo oprimía temiendo que no respondiese la persona llamada, y aquella vez no respondió.

Barrio de Maravillas – Rosa Chacel

 

Lo último que hago antes de decidir si compro o no un libro, si me interesa leerlo o no, justo después de que consiga mi atención su título, su portada o su sinopsis, es leer las primeras páginas. Que la forma de escribir de un autor o autora me atrape, me seduzca en esas primeras páginas es tan importante para mí como para que una mañana de hace más de año y medio (así a ojo), mientras esperaba mi turno en las oficinas de la Seguridad Social, mi almacén de recuerdos guardara a buen recaudo el título de un libro de Rosa Chacel que escogí entre otros muchos que había en dichas oficinas para aliviar la espera. Solo me dio tiempo a leer dos o tres páginas pero no hizo falta más. Hice una nota mental y la archivé en la sección “lecturas pendientes”.

Rosa Chacel

No muy lejos de “lecturas pendientes”, al fondo de mi “biblioteca” mental, está la sección “cosas interesantes que he leído por ahí pero no recuerdo dónde”. Allí archivé el proyecto de una web sobre apadrinar escritoras. Según recuerdo, la intención de esta web era que, si te interesaba participar, eligieras una escritora poco conocida o que hubiera caído en el olvido y escribieras al menos un par de artículos, uno sobre ella y otro sobre uno de sus libros. Al leerlo una parte de mí dijo: «Qué interesante, cómo me gustaría participar». Pero otra parte de mí, la encargada de darme sopapos de realidad, añadió: «Sí que lo es, sí. Y si tuvieras tiempo hasta podrías hacerlo, pero va a ser que no». Y una tercera parte, llamémosla la bibliotecaria, sin que le oyeran las otras, dijo: «Yo por si acaso la apunto en esta ficha imaginaria y la archivo, porque con estas cosas una nunca sabe».

 

Estatua de Rosa Chacel en el centro de Valladolid

Hace ya más de una década tuve que dejar mi Ponferrada natal para irme a trabajar a Valladolid. En uno de mis primeros paseos para conocer la ciudad callejero en mano, pasé al lado de un banco con la estatua de una mujer sentada sosteniendo una rosa. No tenía ni idea de quién era. No sé cuánto tardé en averiguar que se trataba de una escritora llamada Rosa Chacel, probablemente el tiempo que tarde en toparme con mi amiga Sus. Todos conocemos a Miguel Delibes, gran escritor vallisoletano, yo leí hace años “El camino” y me encantó. Pero a Rosa Chacel… pues no, de esta escritora de la llamada generación del 27, ni había oído hablar, ni leí sobre ella en ninguno de mis libros de texto. Así que para saber que una vez existió tuve que ir a vivir a Valladolid, descubrir que existe la estatua de una mujer que están tan tranquila sentada en un banco y hacerme amiga de una nativa llamada Susana a la que no le importó hacer de guía turística para mí.

Cada año, si nada ni nadie me lo impide, me doy una vuelta por la “Feria del libro antiguo y de ocasión”, ya sea en mi tierra natal o en la de acogida. Y siempre, siempre, compro al menos un libro. Este año mientras recorría las casetas e intentaba decidir qué libro comprar, mi mente hizo una de esas particulares asociaciones de ideas. Empezó por la sección de “cosas interesantes que he leído por ahí pero no recuerdo dónde” y decidió que sería una escritora. ¿Pero cuál? Pues no sé, estamos en Valladolid, ¿no? ¿A qué escritora vallisoletana vemos todas las semanas sentada en un banco? Bueno, a ella no, a su estatua. Claro, a Rosa Chacel. ¿Y qué libro?, me pregunté.  Entonces la bibliotecaria sonrió, me dijo que esperara un momento y se fue directa a “lecturas pendientes” para rescatar aquella nota escrita una mañana mientras esperaba mi turno en las oficinas de la Seguridad Social.

 

Tardé unas cuantas casetas en encontrar el libro elegido: “Barrio de Maravillas”. Había varios escritos por Rosa Chacel pero solo un ejemplar del que yo quería, solo uno, está claro que me esperaba a mí. Y el caso es que no quería venir solo, por eso no me quedó más remedio que comprar “Alcancía. Estación termini” que son parte de sus diarios publicados de forma póstuma. ¿Y todo este rollo para qué?, te preguntarás (o no). Todo esto viene a decir que es muy curioso cómo funciona el cerebro a veces (o puede que solo el mío) y también que me he propuesto como reto escribir dos entradas más sobre Rosa Chacel. Una será biográfica y la otra una reseña de su libro “Barrio Maravillas”. «¿Recuerdas que en su día mencioné que no tenías tiempo?», me dice con retintín esa parte experta en sopapos de realidad. «Claaarooo», respondo yo, «pero de aquí a finales de año seguro que me da tiempo de sobra, ya lo verás». Está claro que yo soy la parte ilusa e inconsciente

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One thought on “De escritoras: Rosa Chacel (I)

  1. Recuerdo que la lectura, ya lejana, de “Barrio de Maravillas” se me hizo pesada. Y también recuerdo que lo cogí con muchas ganas tras leer “La sinrazón”, también de Rosa Chacel. Esta última me había deslumbrado por la maestría con la ejecuta la historia, la tremenda hondura psicológica y el manejo del lenguaje, casi como de una malabarista de la palabra se tratase.

    Pero Barrio… uf. No sé. Va en gustos, supongo, no quiero aguarte la fiesta. En su momento pensé que era la típica novela de ejercicio de estilo, un espantalectores de esos que era mejor olvidar en los catálogos so pena de que relegasen otras obras muy disfrutables de la autora a la categoría de una-y-no-más.

    Ya contarás tus impresiones. 😉

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