De misterios (I)

Fotografía: Ester Valverde

Desde pequeña he sido una fan de las series, me plantaba frente al televisor y permanecía sin pestañear y sin ser capaz de escuchar otra cosa ni aunque me gritaran a pleno pulmón hasta que no terminara el capítulo de mi serie favorita. Una de aquellas series era “Se ha escrito un crimen”, tenía tal pasión por ella que cuando una de sus múltiples reposiciones coincidió en un horario prohibitivo para los niños, yo, capítulo tras capítulo, esperaba a que todos en mi casa estuvieran bien dormidos para levantarme sigilosa, recorrer el pasillo de puntillas, abrir la puerta del salón con cuidado, cerrarla con más cuidado después y encender el televisor previo bajar el volumen hasta el mínimo. El televisor de mi casa por aquella no tenía mando, no sé si se habían inventado ya, tenías que seleccionar el botón del canal y el volumen se regulaba con una ruleta. Yo me sentaba en el sofá emocionada por otro de los casos de la señora Jessica B. Fletcher con el corazón a mil ante la perspectiva de que mi madre me descubriera. Ante el mínimo ruido que llegaba a mis oídos pegaba un respingo, apagaba el televisor a toda prisa y contenía el aliento. Si descubría que no había sido nada, volvía a encender la tele, si tenía dudas, regresaba a la cama con un nudo en la garganta que no se pasaba hasta que me metía en ella, a salvo del peligro y del castigo.

Este tipo de series de misterio, de investigación policial o detectivesca, fueron poco a poco quedando relegadas a las tardes de los sábados o a la sobremesa semanal hasta perderse en el olvido. Y acabaron fagocitadas por un nuevo producto, fresco en innovador: la serie procedimental.

Jessica y su máquina de escribir

En la escuela de cine me enseñaron que según su trama existen dos tipos de series: episódicas o capitulares. En las primeras, los episodios son autoconclusivos, es decir, presentan una trama que comienza y termina en cada episodio. En las segundas, la trama se va desarrollando en cada uno de los capítulos que componen la temporada concluyendo, o no, al final de esta. Así me lo enseñaron a mí, pero ahora, al parecer, se denominan procedimentales o serializadas. Y, la verdad, yo no estoy del todo de acuerdo, porque eso hace que se diga que mi querida “Se ha escrito un crimen” es una serie procedimental y que toda aquella serie que tenga episodios con historias independientes también lo sea. Pues yo niego con la cabeza. Y digo que va a ser que no, en mi humilde opinión.

Una serie procedimental, al igual que las episódicas, tiene episodios autoconclusivos, hasta ahí todo correcto, pero su trama se centra en la resolución de un caso. Puede ser un crimen como en “C.S.I. Las Vegas” y todos sus spin off o “Bones”, pero también puede ser un misterio médico como en “House” o judicial como en “Fiscal Chase”. Y me dirás: pues igual que en “Se ha escrito un crimen”, lista. Y yo te digo que parecido pero no igual. En mi humilde opinión, claro.

Soy el Sherlock Holmes de los médicos. Eso dicen.

Ahora voy a aportar mis sesudos argumentos acompañados de dos ejemplos muy sencillos. Para empezar, hay series con episodios autoconclusivos en los que no se resuelve ningún misterio, como por ejemplo (redoble de tambores): “El Cuentacuentos”. A ver a quién se le ocurre decir que “El Cuentacuentos” es una serie procedimental. Tengo más, “El equipo A”. Aquí resolver, resolver, como mucho cómo tunear la furgoneta para darle su merecido a los malos de turno. ¿“Black mirror” es procedimental? Tiene intriga y plantea muchos interrogantes, pero investigar, investigar… En “Modern family” cada uno de sus capítulos te cuenta una historia aunque también contenga una trama que se desarrolla a lo largo de cada temporada. Y podría seguir, pero ya me estoy desviando del tema principal.

¿Por qué creo que una serie como “Se ha escrito un crimen” no es un procedimental? Por su manera de desarrollar y resolver cada caso. Una serie como esta, principalmente detectivesca, hace participe al espectador, le invita a resolver el misterio, a buscar las pistas, encajar las piezas del puzzle y descubrir quién es el asesino antes de que lo haga el protagonista (que suele ser un detective o policía o persona muy sagaz). A lo largo de cada capítulo te va dejando un rastro de miguitas para que lo sigas y prácticamente desde el principio conoces el número de sospechosos, el asesino casi siempre será uno de ellos y no aparecerá de la nada cinco minutos antes de que acabe el episodio. Al final, el protagonista sagaz, suele reunir a todos los sospechosos y relatar qué ha descubierto y cómo para concluir en un “porque el asesino eres tú, Fulanito”.

En una serie procedimental, el espectador es un observador. Sí, hay pistas, pero éstas solo sirven para ir descubriendo un sospechoso tras otro, o un asesino tras otro, porque el o los protagonistas (suelen ir en parejas, chico y chica mejor por aquello de la tensión sexual no resuelta) más bien van descartando asesinos y todos sabemos que si aún quedan diez minutos para que acabe el capítulo, ese al que están interrogando no va a ser. Al final, el o los protagonistas, encuentran una superpista o alguien dice una frase que provoca un click en su cabeza y voilá: descubren quién es el asesino.

Para investigar como es debido, la gabardina es fundamental. Todo el mundo lo sabe.

Otra cosa que diferencia a las, llamémoslas detectivescas, de las procedimentales, es que las primeras no quieren ser muy rigurosas con el procedimiento policial, sus crímenes no son cruentos, ni sangrientos, evitan el drama y contienen toques de comedia. Y su protagonista es entrañable, a veces imperfecto o ingenuo en su vida social, pero un genio en su campo. Las segundas intentan ser fieles a la realidad, al procedimiento policial, incluso científico, el crimen es más violento, más llamativo, y sus cadáveres más realistas. Por lo general tienen más de un protagonista, preferentemente dos, uno es excéntrico, tal vez antisocial, y el otro siempre es su contrapunto.

Y, para terminar semejante tostón, voy a explicarlo con dos ejemplos chachis. Vamos a imaginar un misterio médico, tenemos un enfermo y no sabemos de qué.

Ejemplo A: Si fuera procedimental.

Tiene un resfriado, jefe. Pues dadle leche caliente con miel y a la cama. Jefe, ha empeorado, creo que va a tener faringuitis. Pues administrarle antibióticos de amplio espectro y hacedle análisis de sangre, de orina, cultivos, un TAC y una prueba de esfuerzo. Jefe, los resultados de las pruebas son confusos y el tratamiento no funciona, la fiebre ha subido a 39º, además, no para de toser. Es una neumonía, imbécil, que tengo que hacerlo yo todo. Lo siento, jefe, ahora mismo le aplicamos el tratamiento. Qué mierda de empleados tengo, me voy a tomar un café calentito con un poco de Bourbon. Hace frío fuera y llueve, qué tiempo de mierda, propicio para una… ¡Oh, mierda! ¡Es gripe! (Y aquí vendría una explicación científica detallada, a ser posible con efectos visuales molones de cómo ha actuado la gripe en el paciente).

Ejemplo B: Si el médico fuera Jessica B. Fletcher.

Jessica, tenemos un nuevo paciente en la habitación 305. Ya veo, por los síntomas podría ser un resfriado, faringitis, neumonía o gripe. Resfriado, ¿qué estuvo haciendo hace dos noches? Infectando a una familia entera, empecé por los niños y después pasé a los adultos. Faringitis, ¿qué piensa de los mocos? No mucho, la verdad, soy más de tos y de inflamar la garganta, ya sabe. Neumonía, ¿estará un poco molesto con eso de que no le tomen en serio? ¿Qué quiere decir, doctora? Nada, nada, que debe ser difícil de llevar que casi siempre le tomen por resfriados persistentes. ¿Me está acusando de algo, Doctora? Oh, no, solo hago mi trabajo, si me disculpa, aún me queda un sospechoso por interrogar. Gripe, ¿qué tal lleva la fama? ¿De qué me habla, doctora? Ya sabe, eso de que cada año la gente se vacune. No debe ser fácil para usted. Su trabajo boicoteado de esa forma. Es algo que me motiva, doctora, me hace intentar ser mejor cada año. Entiendo, gracias por su tiempo. Resfriado, faringitis, Neumonía, gripe; gracias por venir. ¿Por qué demonios nos ha reunido aquí? Tengo mucho trabajo que hacer. Tranquilo, Neumonía, en seguida lo sabrán. Hace dos días llegó un paciente, al principio sus síntomas nos daban a entender que era un resfriado común, pero fue empeorando poco a poco. Después descartamos la faringitis, tenía demasiados mocos y la tos no parecía de garganta sino de pecho. La fiebre alta nos dejaba dos posibilidades: a usted, Neumonía, o a usted, Gripe. Quien infectó al paciente es una enfermedad inteligente que camufla algunos de sus síntomas con los de otras enfermedades. La conclusión obvia podría ser que fue usted, Neumonía. ¿Qué? De eso nada, yo no he infectado a ese paciente. ¡Esto es un ultraje! Fiebre, tos de pecho, mal estar general… pero los mocos y el dolor articular no concuerdan con su modus operandi. El culpable es alguien que ha necesitado adaptarse cada año para esquivar a las autoridades sanitarias. Alguien muy capaz de intentar despistar con una tos de pecho. Alguien como usted, Gripe. Bravo, la aplaudo, bonito sermón. Sería perfecto si tuviera pruebas, doctora. Las tengo, el calendario personal del paciente, ¿ve esta fecha marcada en rojo? Es una cita para vacunarse a la que nunca pudo acudir, una cita para vacunarse contra usted. (Y todo esto aderezado con flashbacks de las pistas que te han ido dejando a lo largo del episodio).

Uy, esta bolita a mis gemelos no les dura ni dos segundos.

Ahora dirás, venga ya, hay series que son como la opción A y la B a la vez. Tienes toda la razón, mini punto para ti. Y eso pasa porque la mayoría de las series son híbridas, mestizas, mezclan los tipos de trama: episódica y procedimental, beben de varios géneros: comedia y drama, fantástico y ciencia ficción, suspense y terror. Pero esto ya, para otro post, que se me ha hecho tardísimo. Como también dejaré para otro post una gran serie detectivesca patria que homenaje tanto a la novela negra como a las series de misterio de los setenta y ochenta: “Los misterios de Laura”. Ay, mi querida Laura lebrel, qué mal te trataron en TVE.

P.D.: Dentro de poco será mi cumpleaños. Lo menciono por si alguien quiere hacerme algún regalo para sobrellevar eso de cumplir treinta y todos. Solo tengo la primera, segunda y quinta temporada de “Se ha escrito un crimen”. Y solo la primera de “Los misterios de Laura”. Y solo hasta la cuarta de “Expediente X”… Ahí lo dejo, por si acaso. 😛

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