De relatos: Zapatillas con pompones

Fotografía: Ester Valverde

 

Estableciendo conexión con el huésped. Conexión completada. Abriendo los ojos. No veo mucho, está un poco oscuro. Me siento un tanto desorientado, en teoría es normal hasta que el ajuste no sea completo. Vamos a ver si puedo moverme. Está resultando más difícil de lo previsto. ¿Qué es esto? Lo estoy abrazando pero no parece eso que llaman almohada. No, no lo es, porque está bajo la cabeza. ¿Será algo que utilizan para dormir mejor?

Nota: Averiguar e informar.

—Buenos días, señora Mercedes. Es hora de despertarse.

¿Y ésta quién es? Se suponía que no habría más humanos por aquí.

—Vamos a subir estas persianas, que entre un poco de luz, hoy hace un día estupendo.

¡Ahhh! ¡Demasiada luz! ¡Demasiada luz!

—Pero bueno, ¿otra vez ha vuelto a dormir con las zapatillas en la cama?

¿Zapatillas? ¿Esto que agarro son unas zapatillas? Creía que solo se las ponían en los pies. ¿Por qué las usará para dormir?

—Vamos, sujétese fuerte, la voy a llevar al baño.

¿Eh? ¿Que me qué? Pero… ¿qué está haciendo?

—Mercedes, colabore un poco, así acabaré haciéndole daño.

Eso intento, eso intento, pero este cuerpo no responde.

Nota: La fase de acople es más larga de lo que pronosticaron los simuladores.

—Eso es, despacio, no hay prisa, apóyese bien en mí. Ya casi hemos llegado.

Qué rígidos son estos cuerpos, no sé cómo consiguen vivir.

—Muy bien, ahora nos lavaremos un poco. Siéntese aquí… Nos quitamos el camisón…

Mmmm… Esto se pone interesante. Qué gustito. Frota un poquito más por ahí. Así, así… Qué bien vive este humano, debe de ser uno de esos ricos con sirvientes.

—Perfecto, ahora nos secamos un poco y nos ponemos ropa limpia.

Que agradable es esta humana, no muy agraciada a mi entender, pero aún no estoy muy familiarizado con la belleza terrícola.

—Ya hemos terminado. ¿Quiere ver lo guapa que está?

¡Aggg! ¿¡Pero qué diablos le pasa a este cuerpo!? ¡Qué horror! ¿¡Dónde narices me he metido!? Tiene que haber algún error. Pero… ¡Pero si está todo arrugado!

—¿Qué le pasa? ¿No se encuentra bien?

Pero cómo me voy a encontrar bien. ¿Tú me has visto? Con razón no me podía poner derecho.

—Bueno, bueno, vayamos al comedor. Verá como el desayuno la alegra.

¿De qué me voy a alegrar? Seguramente no tendré ni dientes. Y ni siquiera lo puedo comprobar porque no soy capaz de llevarme la mano a la boca.

—Venga, siéntese en esta mesa, al lado de su amiga Antonia.

Esto está lleno de humanos mustios, menuda cagada, cuando informe de ello se van a reír en mi cara. Aunque no sé muy bien cómo voy a conseguir comunicarme con mi supervisor, ni siquiera soy capaz de evitar que me roben la comida.

—Antonia, no le quite las galletas a Mercedes. Pero si no ha comido nada…

No creas que no lo he intentado pero sigo sin encontrar la forma de mover este cuerpo, sus conexiones no funcionan demasiado bien, ¿sabes? Qué vas a saber, qué vas a saber, si dices que la ladrona ésta es amiga mía.

—No se preocupe señora Mercedes, yo la ayudo. Abra bien la boca. Muy bien. ¿Está rico verdad?

No te voy a mentir, es la primera vez desde que te conozco que dices algo con sentido. Es un alivio saber que al menos las papilas gustativas siguen haciendo su función. Ya estás tardando en darme otra galletita. Eso, eso, mójala bien.

Nota: Importar esto que llaman desayuno.

—Muy bien, señora Mercedes, hora de sus ejercicios.

¿Y ahora dónde me llevas? ¿Qué ejercicios? ¿No te das cuenta de que este cuerpo no funciona?

—¿Recuerda cómo va?

¿Para qué servirá este cacharro? Con inventos como éste, no me extraña que seáis una especie tan atrasada.

—¿Ve? Tiene que hacerlo girar. Inténtelo.

Inténtelo, inténtelo. Muy educada pero muy tonta. Si encontrara la forma de conseguir comunicarme. Menudo desbarajuste de cerebro, así no hay forma de acoplarse como es debido. Si estimulo esta neurona qué pasará… Vale, creo que me acabo de orinar encima. Ahora entiendo para qué sirven estas bragas tan raras. Atrasados sí, pero no tan tontos como parecéis.

—Veo que hoy quiere tomarme el pelo. No es posible que ayer lo hiciera y hoy no.

Maja, si yo pudiera decirte lo que es posible o no, fliparías. Fliparías mucho.

—Está bien, usted lo ha querido, la dejaré aquí sentada hasta que le apetezca hacerme caso.

Menos mal, ya me estabas resultando un tanto pesada. Un poco de tranquilidad es lo que necesito para poder arreglar algo en este cerebro. Creo que si restablezco esta conexión… ¡Voilà! Ya podemos mover los dedos de los pies. No es mucho, pero es un comienzo, no está todo perdido.

—Muy bien Mercedes, se da cuenta de que cuando quiere puede. Cinco minutos más y pasamos al siguiente ejercicio.

¿Otro más? Tú eres una inconsciente. He tardado media hora en conseguir controlar el brazo derecho, miedo me da que me obligues a usar el izquierdo. Esta señora no tiene mucha pinta de ser zurda. Te lo digo yo que la he invadido.

—Aquí tiene Mercedes, sus fichas y sus lápices de colores.

¿Pintar? ¿Pero eso no es lo que hacen vuestros cachorros? Efectivamente, esto es para niños, y bien pequeños a juzgar por lo simple del dibujo. Quién me mandaría a mí meterme a conquistador interplanetario. Si me llegan a decir que acabaría coloreando lo que parece ser un pato. Con lo bien que estaría yo ahora al calor de los tres soles, sorbiendo poco a poco un “Fwiug” bien frío. Bueno, mirándolo por el lado positivo, no necesito usar la mano izquierda. ¿Dónde estará el amarillo?

—Muy bien, Mercedes, lo está haciendo muy bien. Se ha ganado un premio.

¿Me van ha dar un premio por esto?

Nota: Los humanos son poco exigentes y bastante mentirosos.

Por fin he terminado, espero que no me den más dibujos, tengo una sensación muy rara en los dedos. Este sitio es un poco deprimente y las fotos de humanos arrugados sonrientes en todas las paredes no ayudan mucho. Necesito un plan para escaparme de aquí. Lo primero es conseguir controlar mejor este cuerpo, lo segundo librarme de la pesada ésta. ¿Qué narices querrá ahora?

—Hora del paseo, Mercedes.

¿Paseo? ¿Vas a obligarme a usar estas piernas? Qué falta de consideración, sigues sin darte cuenta de que este cuerpo no está para muchos trotes. Bueno, al menos me sacarás fuera de este edificio, el cual, todo hay que decirlo, deberíais ventilar más, huele un poco a pasado.

—Ya le dije que hacía un día estupendo.

Sí lo dijiste, sí, pero entiende mis suspicacias, también elogiaste mi manera de colorear.

—Don Segismundo le acaba de guiñar un ojo, está hecha una rompecorazones.

¿Te refieres a ese? ¿El que está más encorvado que yo? ¿El que no tiene pelo en la cabeza pero sí en las orejas? Por mí te lo puedes quedar, no seré yo quien juzgue los gustos de nadie.

Por fin nos sentamos, estas piernas empezaban a tener un tembleque preocupante. ¿No había otro sitio? No creo que este cuerpo esté preparado para aguantar semejante temperatura y, encima, no soy capaz de mantener los ojos abiertos. Vamos a ver, si utilizo la única mano que soy capaz de mover a modo de visera… Perfecto, mucho mejor, ahora puedo distinguir con claridad la… la mierda de muro que me rodea. ¿Acaso creen que estos humanos podrían ir muy lejos? Mi panorama mejora por momentos. Al menos podrían darme algo fresquito para amenizar la mañana. Mercedes, te compadezco. No te importa que te tutee, ¿verdad? Llamarte humana me parece demasiado frío teniendo en cuenta que tardaré bastante en poder devolverte tu cuerpo. A lo que iba, qué paciencia tienes Mercedes, esta gente quiere acabar contigo. En mi planeta, cuanta más experiencia vital acumulas, mejor estatus tienes. Por eso he acabado aquí, necesitaba una experiencia de nivel A para optar a una casa flotante con algo parecido a lo que vosotros llamáis piscina. Era más fácil que intentar inventar algo de cierta utilidad.

—Uy, menudo despiste, con esto del calorcito y ya son las dos. Vamos Mercedes, que se nos pasa la hora de comer.

Se te pasará a ti, no soy tan tonto, ya me he dado cuenta de que te pagan por esto. Tú no recuerdas cuáles son tus obligaciones y Mercedes no conserva recuerdos más allá de la infancia.

Nota: La memoria de los humanos es una castaña.

Bueno, otra vez en el comedor, veamos qué tal sabe esto. No está mal, no está mal. Aunque la ración la encuentro un poco escasa. ¿Tú qué piensas Mercedes? Te entiendo, con este cerebro mucho, lo que se dice mucho, no se puede pensar.

—Aquí tiene Mercedes, lo prometido es deuda, su premio.

¿Y esto qué es? Qué buena pinta. Haaalaaaa, qué delicia… Ohhh, se deshace en la boca… Rápido, rápido, lee la etiqueta. Mouuusseee deeee… Mercedes que mierda de vista. ¡Chocolate! ¡Es chocolate!

Nota: No destruir las fábricas de chocolate.

—¿Ya ha terminado? Veo que sí.

¿Y tú quién eres? ¿Dónde se ha ido la atontada de antes?

—Venga conmigo.

¿Por qué? ¿Y si no quiero? Ya veo, da igual que quiera o no, me levantas y punto. A saber dónde me llevas ahora. No diré que no me intriga, pero no entiendo vuestra obsesión por ir de un lado a otro. Si con este cuerpo no se puede ir muy lejos.

—Hoy la sentamos en primera fila, para que no se pierda detalle de la novela.

¿Novela? Eso es un libro, ¿no? ¿Lo vas a proyectar en ese aparato para que lo leamos todos?  ¿No es un poco tosco? Ah no, que no es un libro, es un… Venga, venga, que esto te lo sabías. Televisor, eso es. Un televisor.

“Víctor Alfonso no te vayas, yo te amo…”

Menudo tostón. Si pudiera cambiar de canal, porque supongo que tendrán más canales. Me parece mucho suponer teniendo en cuenta que no han usado la telepatía para encenderlo. Ay, Mercedes, menos mal que nadie puede verme ahora. Sé de buena tinta que cierto, ¿cómo lo llamaríais vosotros?, ¿gilipollas?, se estaría tronchando a mi costa. El muy…

—Está aquí sentada, hoy ha estado poco habladora. Mercedes, su hija ha venido a verla.

¿Mi hija? Qué decepción, cuantos más especímenes conozco menos entiendo de qué le sirve a esta raza tanta variedad morfológica. A cada cual más feo.

—Hola, mamá, ¿sabes quién soy?

Sí, me lo acaban de decir.

—Te traigo una sorpresa.

Vas a disculpar que no me emocione, sorpresa de verdad es despertarse encerrado en este montón de pellejos.

—Ha venido tu nieta.

¿Mi qué? Vaya, vaya, esto ya es otra cosa. Menudo ejemplar de “Homo Sapiens”. Ya veo cómo funciona esto, se necesitan muchos feos para poder apreciar semejante belleza. Lo dicho, no sois tan tontos como parecéis.

—Hola, abuela, te he traído un regalo.

Tú sí que eres un regalo, guapa. Eso, eso, siéntate a mi ladito.

—Ya te lo abro yo, no te preocupes.

Como sonrías a todos así me voy a poner celoso.

Nota: Hay que revisar ciertos aspectos de nuestra evolución, ser hermafrodita es una mierda.

—Una mantita, como la que usabas en casa.

Qué maja, ¿si le toco la cara se enfadará? Parece que no. Qué suave. Y que pelo tan bonito. ¿Cuándo dices que volverás a visitarme? Y ahora me coge la mano. Ains, creo que estoy sintiendo eso que llaman amor. Si estuviera en otro cuerpo… Me estoy poniendo un poco triste.

—No llores abuela, mañana venimos otra vez. Te traeré un poco de mi tarta de cumpleaños. Y un poquito de anís, que ya puedo comprar alcohol.

Esto sí es guiñar un ojo y no lo que hizo el rancio de antes.

—Se ha hecho tarde, mamá. Lo dicho, mañana volvemos a la misma hora.

Vale, vale, no hace falta que me des un beso. A ti sí que te dejo, uno y los que quieras.

—Adiós, abuela, hasta mañana.

Hasta mañana, hasta mañana. Tengo un día para conseguir activar la región del habla, esto es un sin vivir.

—Arriba señora Mercedes, hoy tenemos de cena su plato preferido.

Eso seguro que se lo dices a todos. Total, seguro que ninguno se acuerda.

¿Qué lleva esto? Empezaré por lo más clarito. No está mal. Y si lo mojo más en esta salsa… Muuucho mejor.

Nota: Averiguar el nombre de esta comida… El de todas las comidas.

—No se olvide de su postre.

¿Y esto qué es? Mousse de chocolate, no, de eso estoy seguro.

—Flan, no me gusta el flan.

Han vuelto a sentarme al lado de la ladrona de galletas. Así que flan. No sé si quiero descubrir por qué no le gusta a ésta. ¡Qué diablos!, no puede ser peor que comerse un “splunge”.

Por favor, ¿cómo no puede gustarte esto? A ti se te ha atrofiado el paladar, no puede haber otra explicación. ¿No te vas a comer el tuyo? Ah, que me lo das. Ya lo comprendo, nuestra amistad se basa en el trueque. Yo te doy mis galletas y tú me das tu flan. Siento haberte llamado ladrona, entiéndeme, apenas te conocía.

Nota: No destruir las fábricas de flan.

Nota a la nota: No destruir las fábricas de comida.

—Hora de dormir, señora Mercedes.

Pero bueno, ¿y éste quién es? ¿Cuántas personas me cuidan? Un momento, un momento, con delicadeza. Pero qué bruto. ¿Todos los del género masculino son como tú? Pensaré que has tenido un mal día porque la alternativa es que habéis evolucionado menos que el género femenino y ya me he equivocado antes con mi amiga la de las galletas. Esperaré a conocer más especímenes para elaborar un informe.

—Siéntese en el borde de la cama… Apóyese en mí… Eso es, metemos las piernas… Ahora a dormir.

He vuelto al principio. Estoy un poco cansado. Mañana seguiré intentando hacer algo con este cerebro, así es imposible solicitar mi rescate. Cerrando los ojos.

Qué silencio, me inquieta un poco, podrían poner un poco de música o algo.

Quizá si pongo la almohada así.

O así…

¿Qué hora será? Vamos, vamos, duérmete, duérmete.

Nota: Los humanos también tienen problemas para conciliar el sueño.

Tal vez si… No, no, es una tontería, pero si a ella le funciona… Qué chorradas estás pensando. Bueno, en fin, tampoco pierdo nada por probarlo.

Estas zapatillas huelen un poco mal, Mercedes, te sudan los pies. ¿Y esto redondo qué es? Es suave, esponjoso, peludo… ¿Estoy bostezando? Eso parece. Vaya, vaya, Mercedes, tú sí que sabes. Al final va a resultar que estoy en la humana correcta. Qué bien, qué bien, ¿cómo se llamarán estás cosas?, no puedo dejar de acariciarlas. Bueno, da igual, podría llamarlas “Elpsklogursf”, las vendería por todo el planeta. Oh, sí, me voy a forrar. ¿Quién se ríe ahora? ¿Eh? ¿Quién?

Jajaja… Jajaja…

Suave… Suave…

Qué gustito… Qué gustito…

 

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