De retos blogueros

Fotografía: Ester Valverde.

Hace unas semanas mi querida compañera cylconita, Kate Lynnon, me lanzó un reto desde su blog. A mí este tipo de cosas me ponen un poco nerviosa y me dan mucha pereza, basta que me preguntes algo en concreto para que no se me ocurra nada de nada, pero como Kate me cae bien he decidido aceptarlo, así que aquí va mi particular “Book tag: Elementos del verano”.

 

Agua: Un libro que no has leído y estás deseando leer.

Esta va a ser fácil porque para este verano mi gran amiga y correctora particular, Almudena, y yo, tenemos una cita en agosto para una lectura conjunta del último libro publicado por la señorita del reto: Kate Lynnon. Lectura conjunta que se ha extendido a varios miembros de nuestra asociación y que comenzaremos en cuanto todos tengamos nuestro ejemplar. No os quiero meter prisa, pero… Imprenta bonita, date vidilla con los ejemplares en papel que me va dar un “patús” (ejem).

Las lágrimas de los dioses cuenta la historia de Nath, un inquisidor que cumple su deber con fervor, aunque su labor a veces implique cometer sacrificios. Y de Reyka, una bruja con una misión que debe llevar a cabo a cualquier precio. Cuando Nath conoce a Reyka su fe es puesta a prueba.

Al parecer, aquellos que han leído esta novela, acaban odiando un poco a su autora y yo quiero saber por qué. 😛

 

Calor: Un libro que no te haya gustado nada y otro que te haya gustado mucho.

No me gusta hablar en este blog de las cosas que no me gustan (valga la redundancia). Lo que cuesta en tiempo y esfuerzo cada entrada del mismo, como para perderlo con lecturas o visionados que aborreces. Así que, solo mencionaré aquello que me haya gustado mucho. Como podría estar aquí hasta el año que viene, me limitaré a nombrar mis mejores lecturas de lo que va de año.

Permafrost de Eva Baltasar es uno de esos libros que a mí me maravilla desde las primeras frases. Porque esas frases te descubren a alguien con una muy personal forma de escribir. No solo eso, también a alguien que domina las palabras, que las moldea a su antojo con un gusto exquisito y, lo que es más difícil, sin usar términos enrevesados, composiciones complicadas o imposibles que solo enredan la mente porque saben que en el fondo están vacías. Permafrost, para mí, además de seducirme con su narrativa, supuso un viaje de comprensión de su protagonista. Al principio la odié un poquito, me pareció una pedante, pero a medida que la iba conociendo, fui entrando en su mundo, hasta ese final que me dejó… tocado el corazón.

Agnus Dei ha sido mi primer contacto con el mundo de Nieves Mories, escritora abulense. Nieves también es de esas escritoras con estilo propio, algo que a mí me parece un tesoro muy difícil de encontrar. Me vais a perdonar, pero hay muchas novelas que, porque están firmadas por distintas personas, que si no creería que las ha escrito la misma. Nieves, para mí, tiene una cualidad por encima de todas: que consigue que sientas en tus propias carnes todo lo que narra, todo. Agnus Dei tiene un ambiente cargado, opresivo, retorcido, y a una protagonista que… bueno, mejor lo leéis y lo descubrís, aunque os tengo que advertir primero porque, como diría “nuestra amada líder”, Nieves te coge de las tripas y te las retuerce.

A Lágrimas de luz ya la mencioné en mi entrada homenaje a mis compañeros de asociación, mi manada friki. Esta novela de Rafael Marín Trechera llegó a mis manos gracias a la recomendación de nuestro “Pater fantastika”. Esta historia escrita en los ochenta tiene elementos que nos sorprenderán incluso en nuestros tiempos. Rafael crea en esta novela una edad media futurista muy particular, una edad futura llena de violencia donde se venera a la guerra y al soldado, donde el arte solo sirve si ensalza la conquista, si eleva a héroe de la patria a ese pobre soldado que muere por la causa. El arte es un mero vehículo de enaltecimiento (¿os suena de algo?) y los poetas son parte del ejército, bardos modernos que crean cantares de gesta sobre batallas que no fueron más que masacres, sobre conquistas que no fueron más que destrucción. Hamlet nos cuenta su historia, su paso de poeta a mendigo, a bardo y esclavo sexual de nobles, a hombre libre en un circo ambulante. Y a través de su historia vivimos las miserias de un mundo inculto que venera la violencia, que solo mide tu valor por tu capacidad para aniquilar al enemigo, que prefiere hombres y mujeres que no piensen y se traguen su propaganda sin más, al que solo le importa el poder.

 

Fiesta: Un libro que hayas leído por el autor o porque todo el mundo lo ha leído.

Por la autora no solo leí, sino que compré y hasta se puede decir que rescaté Flores de metal de Lola Robles. Una maravilla que mezcla space opera con ciberpunk y que tiene a uno de mis personajes literarios favoritos: el ciborg Lee. ¿Qué tiene de especial este personaje? Muchas cosas, tantas, que cuando acabas de leer Flores de metal se queda contigo para siempre. Ahí es nada.

Un libro que leí porque todo el mundo lo había leído fue Los pilares de la tierra de Ken Follett. Creo que es la novela con más páginas que yo haya terminado. El recuerdo que tengo de ella es bueno: una historia absorbente,  personajes interesantes, pasar página tras página… solo un pero común a todo tocho que pase de quinientas páginas (o seiscientas), la paja del medio, la zona de relleno donde apenas ocurre nada, esa es posible que la leyera en diagonal. Y no, no he leído la continuación.

 

Ropa ligera: Un libro que has comprado simplemente por leer el argumento.

Según la entrada de Kate, este apartado se refiere a un libro que hayas comprado «sin haber leído reseñas, conocer al autor y sin haber mirado precio ni número de páginas». Imagino que se refiere a esos libros que ves en una librería, coges porque te llama la atención su portada y te compras después de quedar atrapada por la sinopsis. Son libros que no sabías ni que existían hasta que te topaste con ellos de casualidad. Pues en estos momentos solo recuerdo uno: La hacedora de lentes de Titus Müller. Confieso que empecé a leerlo al llegar a casa y… y lo dejé tras dos capítulos. Lleva años cogiendo polvo en mi lista de pendientes, debería darle otra oportunidad. A veces no existen los libros que te gustan o los que no, a veces cada libro necesita ser leído en un momento preciso de tu vida y con un estado emocional en particular. Puede que sea el caso de esta novela. Al menos, no me negaréis que su título es oro puro.

 

Ventilador: Un libro que te haya costado terminar o que no llegaste a terminar.

Pufff. Esta lista podría ser interminable y me saltaría la regla de no hablar de lo que no me gusta. Yo los llamo libros que te entran ganas de tirar por la ventana. Porque para que yo no termine un libro o me cueste acabarlo, una de dos, o me han impuesto su lectura, recordemos esas lecturas obligatorias de instituto que no son para adolescentes, o me ha parecido tal mierda que deseé quemarlo. Como dato curioso diré que he sido capaz de dejar un libro cuando me quedaban veinte páginas para acabarlo porque ya no lo soportaba más. Un libro de menos de doscientas, imaginaros el bodrio. Y encima estaba publicado por una editorial. Y encima me costó un… Y me callo ya, que me enervo y ya no sé lo que digo.

 

Viaje: Un libro en cuyo mundo te gustaría adentrarte para pasar las vacaciones.

Uf, qué difícil me parece contestar a esta. Y no porque no sepa por cuál decidirme, sino porque no recuerdo uno en particular… Si se la hiciera a mi cari, seguro que contestaba sin pestañear y muerta de la risa: “donde los vanires y los bersekers buenorros, cari”. A mí, más que los mundos, se me quedan los personajes. Hay un montón que ojalá fueran reales y poder conocerlos. Porque, la verdad, salvo los lugares fantásticos y amables orientados a la infancia, la mayoría son bastante terribles, ¿no? ¿Pero qué clase de libros leo yo? Esta pregunta es igual de complicada que elegir a qué época viajarías si tuvieras una máquina del tiempo. Mira, Kate, me llevo a mí misma un almanaque deportivo, vuelvo al presente, descubro que estoy forrada y ya me recorro el mundo entero, el real. 😛

 

Y con este último apartado ya he llegado al final. Menos mal porque entre la calor y que este tipo de retos se me da regular,  estoy un poco sudada. Una ducha fresquita, un refresco de cola helado y listo.

Y, con esta entrada, se acaba julio y llega agosto, el mes en el que este blog se toma un descanso. Bueno, bueno, no empecemos con las quejas, que hoy es quinto jueves de mes y yo solo actualizo el primero y el tercero. Si hasta soy generosa y todo. Y si os sirve de consuelo, no dejaré de escribir. En septiembre volverá La maldición y quién sabe, lo mismo, lo mismo, consigo desvelar el mapa completo, llegar al final, antes de que acabe este surrealista 2020.

Que el verano os sea leve. 😉

2 comentarios sobre “De retos blogueros

  1. ¡Bien! Me alegra que te hayas animado a hacer este tag 😀 Y es un honor aparecer en él, aunque acabéis odiándome un poco.

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