Inmóvil

Minerva
Ilustración: De princesas y meigas

 

«Inmóvil», esa fue la última palabra que escucharon sus oídos humanos, un beso lo último que sintieron sus labios de carne y la cara de quien hasta ese instante creía que correspondía su amor, lo último que vieron sus ojos antes de convertirse en piedra. Así terminó su aventura, como una estatua adornando el palacio de su querida princesa. No pasó la prueba, no fue la elegida, ocupó su lugar como todos los que antes que ella habían fracasado. El salón de los pretendientes olvidados, así llamaban a ese lugar repleto de figuras con la sorpresa esculpida en el rostro.

Mientras la colocaban en su privilegiado lugar, se preguntaba si todos aquellos también creyeron que los correspondían, que los besos y caricias recibidos no eran un engaño, que serían los únicos que conseguirían derretir el corazón de hielo de la princesa. «Qué ilusa», pensó, a cambio tendría toda la eternidad…

—¡Pero papá, que ya tengo cinco años!

—¿Qué pasa? ¿No te está gustando la historia?

—Es un cuento para niños y yo ya soy mayor.

—Pero si aún no te he contado que era una valiente guerrera con la fuerza de mil hombres y que ella sola acabó…

—Con un dragón, ¿a qué sí?

—Bueno…

—¿Ves?, es para niños pequeños.

—Supongo que tienes razón.

—¿Puedo ir a jugar al fútbol?

—Claro, claro que puedes.

—No te enfades papá —le dijo mientras corría hacia un grupo de niños —, es que yo soy muy mayor.

Su padre suspiró y sonrió mientras veía alejarse a su hijo que apenas levantaba un metro del suelo. Sentado en un banco del parque se giró para mirar la estatua que había a su espalda.

—Ya ves, no le ha interesado tu historia. Al menos lo he intentado.

El hombre se levantó y cogió la mochila de su hijo. Apenas quedaban un par de horas de luz, era normal que quisiera aprovecharlas jugando con sus amigos y no aguantando sus desvaríos. No se percató de la inesperada oyente que, sentada en el suelo a un par de metros de él, había interrumpido el dibujo de una antigua guerrera en el mismo instante que había comenzado su relato. La joven miró fijamente la estatua hasta que el sol desapareció en el horizonte. «Tal vez si», pensó, «ahora que nadie me ve…».

Un cálido beso fue lo último que sintieron sus labios de piedra, una joven con pintura en la cara lo último que sus pétreos ojos contemplaron, «muévete» la última palabra que oyó antes de empezar a sentir cómo la piedra se resquebrajaba.

Así comenzó su historia.

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10 thoughts on “Inmóvil

    1. Gracias Sergio, por este comentario y por el que dejaste en literautas. Me ha encantado como has definido mi estilo «limpio y directo» y que destaques esa «naturalidad» en este relato, algo que para mí es muy importante. 🙂

      Un saludo y nos leemos.

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