De abrir cajones

Fotografía: M.J. Roda

Permanecía inmóvil, sentada frente a la pantalla del ordenador, con las manos en el teclado y la vista fija en la página en blanco. Era jueves, quinto jueves de mes, y una vez más el tiempo se le había echado encima. Pero si las ideas no llegaban ni buscando entre viejos apuntes, ni mientras fregaba, cocinaba o se daba una buena ducha relajante; si la inspiración se fue de vacaciones sin avisar y ni con buena música aparecía, ni siquiera ofreciéndole chocolate la muy desagradecida, ¿qué podía hacer ella? Contemplar cómo su blog sin actualizar de tanto esperar desesperaba, cómo los minutos se largaban sin compasión, cómo se convertían en horas los muy… Atiborrarse de chuches, dulces o saldadas, lo mismo daba, el caso era tener una excusa para levantar el culo de la silla, una y otra y otra vez hasta acabar con las reservas de la despensa, hasta dejar tiritando la nevera. Y sin comida basura que llevarse a la boca, por su mente pasó la idea de hacer eso que nunca se debe hacer si se pretende escribir (o trabajar en general): navegar por internet. Estaba a punto de hacerlo cuando de repente…

—Abre el cajón —le dijo una voz.

—¿Quién ha dicho eso?

Una voz, te lo acabo de decir.

—Abre el cajón… el cajón… el cajón…

—No sé quién eres, pero que sepas que repetir el final de una frase no se parece al eco para nada.

—Que abras el cajón, leñe.

Tras la pantalla del ordenador asomaba la figura de una mujer vestida de negro. Estaba de pie y la miraba con una ceja levantada y los brazos cruzados frente al pecho. Llevaba tanto tiempo con los ojos fijos en el blanco nuclear de la ausencia de ideas, se había atiborrado tanto de alimentos con exceso de grasas y azúcares, que estaba empezando a alucinar. Al menos lo hacía con una guapa pelirroja, vestida con la ropa de su abuela, eso sí.

—Espera un momento —se dijo cuando cayó en la cuenta de que esa combinación solo podía pertenecer a —… Si tú eres…

—Chsss, calla, insensata. No querrás desvelar demasiado antes de tiempo.

—¿De tiempo de qué?

—De abrir el cajón.

—¿Qué cajón? ¿De qué me hablas?

—Mira que saco el bastón mágico y empiezo a dar golpecitos.

—Vale, vale, abriré el dichoso cajón.

Dos meses llevaba aquel cajón cerrado, dos meses aguardando paciente a que lo volvieran a abrir, por eso se deslizó encantado en cuanto notó que tiraban de él.

—Hala, ya está, ¿y ahora qué?

—Ahora esto. —La pelirroja le tendió un bolígrafo rojo —. Lo sostengo así en la mano con el brazo estirado hacia tu cara para fortalecer el tríceps, no para que lo cojas.

Resignada agarró el bolígrafo. Más resignada aún sacó el contenido que aquel cajón había custodiado durante más de sesenta días. Lo colocó sobre la mesa, pasó la primera página y se dispuso a leer. El bolígrafo rojo sobrevoló las hileras de palabras amenazando con tacharlas, con cambiar comas por puntos, puntos por comas. Con darle un poco de color al negro, vaya.

—En voz alta —le dijo una voz muy puñetera a su espalda.

—Cago en la mar, que susto me has dado.

La pelirroja desapareció dejando en el aire, repitiéndose como un eco, una risa malvada de labios juntos, estirados y ligeramente curvados, de ojos brillantes entrecerrados, de esas que nacen en lo más profundo de la garganta, de esas que se recrean.

En voz alta, en voz alta —repitió con retintín —. En buena hora creé yo semejante personaje.

Continuará… 😉

 

Ir a: De abrir cajones 2ª parte

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7 thoughts on “De abrir cajones

  1. Pues sí que es cabro… malvada la pelirroja. :O Mi parca-madrina no me deja darle guadañazos a nada si no han pasado entre seis meses o dos años, dependiendo de la longitud del zurullo a revisar y la dispersión mental intermedia. Salvo que haya un deadline por medio, que entonces me mete la revisión por el gañote incluso antes de haberlo terminado del todo. xD

    Suerte con la tarea y sobre todo, paciencia.

    1. Gracias J.A.
      Si te digo la verdad, al ritmo que voy corrigiendo/coloreando será como si hubiera estado en ese cajón dos años.
      Así que parca-madrina, tú no te andas con chiquitas, ¿eh? 😛

      Un abrazo.

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